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México, periodismo

México: ¿En que se convirtieron los panteones a lo largo del tiempo?

Posted: 29 octubre, 2017 a las 7:39 pm   /   by   /   comments (0)

LO LARGO DE SU HISTORIA, DURANGO DISPUSO DE VARIOS PANTEONES PARA SEPULTAR A SUS DIFUNTOS; ALGUNOS ESTÁN CONVERTIDOS AHORA EN ZONAS HABITACIONALES.

Seguramente todos los duranguenses alguna vez han caminado sobre una antigua sepultura; hay quienes incluso viven, quizá sin saberlo, en terrenos que hace siglos fueron panteones. La modalidad de enterrar a nuestros muertos ha variado a lo largo de la historia, tanto como las creencias de enfrentar el momento de llegar al mundo de los muertos.

La creencia popular dice que la muerte no distingue de clases sociales, que es igual para todos. Los mausoleos, las criptas en los principales templos y esculturas son una fiel prueba de que no siempre no siempre se creyó así.

Por situaciones tan simples como la vejez, enfermedades, conflictos armados, epidemias o accidentes, los primeros duranguenses fueron requiriendo espacios para sepultar a sus familiares y amigos fallecidos, hasta que la muerte requirió espacios cada vez mayores.

LAS TRIBUS

Las investigaciones realizadas por historiadores a lo largo de los años, han encontrado vestigios que demuestran que la cultura Chalchihuites enterraba a sus muertos en sus propias casas con la idea de que los muertos siguieran conviviendo con los vivos. Los acomodaban ya fuera horizontales boca arriba o en posición fetal dentro de tinajas, esto sobre todo cuando se trataba de niños como un símbolo de esperanza de volver a la madre tierra, como elemento sagrado.

El historiador e investigador duranguense Miguel Vallebueno Garcinava ofreció otra referencia de las formas en las que se asumía la muerte entre las etnias que habitaron en regiones montañosas de Durango, caso específico de los Acaxes, quienes colocaban a sus muertos dentro de acantilados, mayormente en tinajas.

En el caso específico de los Tepehuanos, cada año realizaban una ceremonia al año de que falleció alguna persona para «correr» su alma y que se vaya del lugar donde fue sepultado, contrario a lo que practicaban los Chalchihuites cuyo ritual era para que se quedara.

BAJO TIERRA

Mientras que el procedimiento de los griegos y romanos para con sus muertos era cremarlos, los cristianos españoles adoptaron la tradición judía de inhumarlos al considerarlos un ser espiritual que debía ir a descansar con todo y su cuerpo, bajo la idea de la resurrección de los muertos para lo cual requerían de su carne y huesos.

Esta tradición contó con un elemento que es fundamental para entender los primeros sepulcros realizados en Durango, pues se creía que los muertos debían depositarse en tierra sagrada; lo que con el tiempo se transformó en la palabra camposanto.

Miguel Vallebueno explicó que los principales sitios consagrados precisamente como tierra sagrada, fueron las iglesias. Al fundarse la villa de Durango, se definió el primer camposanto y se ubicó en la parroquia de la Asunción, que fue donde se realizaron los primeros enterramientos de manera «oficial». Esta parroquia ocupó el espacio de lo que, con el tiempo, evolucionó hasta convertirse en la Catedral de Durango.

Ana de Leyva fue la primera mujer europea que vivió en la villa de Durango. Esposa de Alonso de Pacheco, considerado como el verdadero trazador de la ciudad pues el capitán Francisco de Ibarra sólo se concretó a fundarla, para luego seguir su empresa militar.

A la muerte de Ana de Leyva, ocurrida en el año de 1591, se dispuso por lo tanto que fuera inhumada en la parroquia de la Asunción. El cura Martín de Boliaga creyó pertinente sepultarla en la entrada de la iglesia, desatando un gran escándalo que derivó en un procedimiento judicial por parte de sus familiares pues cualquier persona que entrara «la pisaba».

Una semana después, el cura dispuso que el cuerpo fuera exhumado para cambiarla de lugar, desatando de igual forma una seria molestia de los deudos que también procedieron judicialmente, por cuya acta se conoce este hecho.

Este podría considerarse entre los primeros antecedentes de distinción de clases sociales al morir, pues si bien el sacramento del bautismo era prácticamente gratuito para los fieles cristianos, al morir se demostraba el verdadero poder económico pues entre más se pagara por el sepulcro, más cerca se podía descansar del altar. Por el contrario, los pobres eran sepultados en el atrio.

«En esa Catedral que usted y yo recorremos, cada vez que caminamos pisamos miles de gentes que murieron y que están desde 1563 como primer panteón de Durango», refirió Miguel Vallebueno.

Es por estos motivos que el principal templo católico de Durango tuvo que emplear criptas subterráneas que albergaron cientos de cadáveres, principalmente de cráneos y fémures, en lo que eran sepulcros colectivos. Así se mantuvo aproximadamente hasta principios del siglo XIX.

EL MÉTODO FRANCISCANO

Años después la orden de los franciscanos abrió otro panteón en la villa de Durango sólo que su enfoque era, de manera contradictoria a lo que dictaba su origen, atraer a las familias acaudaladas quienes creían que al morir y ser sepultados debían vestirlos con la túnica franciscana para que, al llegar al cielo San Pedro los viera ataviados de manera sencilla y «engañarlo» de haber llevado una vida humilde.

El principal ejemplo que existe históricamente de este «método» es ni más ni menos que el de José Ignacio del Campo Soberón y Larrea, conde del Valle de Súchil, el más adinerado de la época por la bonanza minera y título nobiliario pero que, en su última voluntad, pidió ser sepultado en el panteón de San Francisco con la humilde túnica franciscana.

La forma de sepultar a quienes elegían descansar en el templo de San Francisco, aledaño al convento del mismo nombre y que se ubicaba aproximadamente en lo que ahora es el multifamiliar de la Zona Centro, era en una gran cripta subterránea donde se amontonaban los cadáveres, eran rociados con cal y años después cuando ya sólo quedaban los huesos, éstos se sacaban para colocarlos en otra cripta especial sólo para restos óseos.

LAS PRIMERAS MUERTES MASIVAS

A partir del año de 1680 se empezó a manifestar un crecimiento demográfico en la villa de Durango y sus cercanías. Según el historiador Miguel Vallebueno, existen registros de una drástico descenso en las temperaturas mínimas que, en el caso de la Ciudad de México, alcanzó valores de 20 grados bajo cero. Aunque en el Valle del Guadiana no se tiene certeza de la temperatura, la magnitud del frío provocó enfermedades respiratorias, heló cosechas y mató animales y personas.

Eran tantos los muertos por ese fenómeno que ya no cupieron en Catedral, por lo que se tuvo que habilitar la viceparroquia del Sagrario, que con el tiempo se transformó en el templo de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos, en la esquina de lo que ahora son las calles de 5 de Febrero y Constitución.

Tan solo esa iglesia, el atrio y la huerta aledaña fueron sepultadas, de acuerdo con los documentos analizados por el historiador, más de 600 personas; ante tal cantidad de muertos, las parroquias apestaban a olores fétidos. En los trabajos para construir la plaza Fundadores, en el año 2013, se encontraron unos restos óseos que corresponden a época.

UN POCO MÁS AL NORTE

El olor a muerte en los templos parroquiales fue generando la necesidad de evitar enterramientos de este tipo, por lo que se emitió una Cédula Real para que en los territorios pertenecientes a la Corona de España se implementaran panteones ventilados; es decir, camposantos en los que los vientos dominantes no afectaran a la población.

En la penúltima década de 1700, con las nuevas medidas sanitarias, se determinó crear el panteón de Santa Ana, el cual abarcaba el tramo desde lo que ahora es la cerrada Gabino Barreda hasta Gómez Palacio, y de Bruno Martínez hasta Constitución. Esta era la orilla de la ciudad.

Pero el obispo Francisco Olivares consideró que la distinción entre clases debía prevalecer. Para ello, en el año de 1805 creó una serie de criptas enfrente del panteón de Santa Ana, ya del lado poniente de la calle Bruno Martínez, para que la gente adinerada no fuera sepultada en la tierra sino en su propio espacio en el panteón «de los ricos».

EPIDEMIAS

A partir del año 1833 se presentó la primera gran epidemia derivada de las malas condiciones de sanidad del agua, la nula disposición de los desechos, la paulatina aglomeración de la población y pobres hábitos de higiene. El cólera mató a cientos de duranguenses y, como medida urgente para contener la enfermedad, se determinó crear un nuevo panteón provisional en los últimos confines de la ciudad.

El panteón del cólera se ubicó cerca de lo que ahora es la salida a Parral y la orilla del Cerro de Mercado; para mayor referencia, en las inmediaciones de lo que ahora es la plaza de toros Alejanda. Ese mismo camposanto fue empleado para una epidemia similar que resurgió en el año de 1849.

Al terminar las epidemias, el panteón de Santa Ana volvió a ser el principal destino de los muertos de Durango, aunque su capacidad estaba cerca del límite.

LA REFORMA

Desde la colonización de este territorio que actualmente es la capital duranguense y hasta la segunda mitad del siglo XIX, la Iglesia Católica administró prácticamente todo lo relacionado con los servicios urbanos importantes, desde el nacimiento hasta la muerte; los cementerios no eran la excepción.

En el año de 1859 un grupo de particulares se dio a la tarea de buscar un terreno nuevo, lo suficientemente alejado de la ciudad; Juan Olagaray incluso creó un patronato para implementar un Panteón General Católico. Juan Nepomuceno Flores accedió a venderles el predio ideal, en el Rancho de La Policía.

Fue a partir de la implementación de las Leyes de Reforma, cuando la Iglesia perdió el poder y propiedades que hasta entonces tenía, que el Ayuntamiento de Durango asumió la administración de los panteones. De tal forma que el proyecto del Panteón General Católico se convirtió en lo que ahora es el Panteón de Oriente.

«Es un panteón que ellos pensaban que jamás se iba a llenar. Durango, en ese momento era una ciudad de 30 mil habitantes; entonces, había panteón para rato. Pero a mitad del siglo XX vino la explosión demográfica y ya quedó en medio de la ciudad», comentó finalmente Miguel Vallebueno.

SE ADAPTÓ A SU ÉPOCA

El surgimiento del Panteón de Oriente no sólo está plasmado en documentos. Recorrer el camposanto es apreciar el romanticismo que acompañó a la segunda mitad del siglo antepasado, mediante los grandes túmulos funerarios para que, después de la muerte, la gloria de la familia o del difunto se mantenga hasta la eternidad.

Los epitafios son otro elemento del romanticismo del Panteón de Oriente. Parte importante de este arte es Benigno Montoya, cuyo mayor elemento romántico es el monumento de Cuca Mía; uno segundo principal monumento romántico es la tumba del propio artista.